En la producción intensiva, muchos tambos coinciden en los grandes ítems: buena genética, dietas balanceadas, instalaciones adecuadas. Pero en el día a día, la eficiencia productiva puede variar muchísimo. ¿Por qué?
La respuesta no está solamente en lo que comen las vacas, sino en cómo lo hacen, en qué condiciones, con qué frecuencia y con qué nivel de bienestar. Este contenido técnico pone el foco en el confort animal como variable clave, muchas veces subestimada, que puede explicar por qué dos sistemas con raciones similares logran resultados tan distintos.
Lo que no se ve en la fórmula
Un estudio comparó tambos con genética y dietas similares, pero diferencias de hasta 14 litros de leche por vaca. ¿El motivo? Factores de manejo: edad al parto, disponibilidad de camas, arrime de la ración, espacio en comedero.
Según el MSc. Ignacio Vidaurreta, más de la mitad de la variabilidad productiva puede explicarse por estos detalles operativos, invisibles en la formulación, pero decisivos en el resultado.
Manejo y comportamiento: Claves para mirar distinto
Cuando las vacas comen pocas veces al día, en grandes cantidades y rápido, se altera el ambiente ruminal. El resultado: caída del pH, menor producción de grasa en leche, mayor riesgo de acidosis y pérdida de eficiencia.
El confort también influye: sin camas suficientes, sin descanso ni espacio en el comedero, las vacas disminuyen su consumo y rinden menos. Y todo esto, con la misma dieta.
Vidaurreta lo resume claro: “Formular bien no alcanza: hay que lograr que las vacas coman bien, en condiciones estables, todos los días”.
Mirar el sistema con otros ojos
Este contenido propone repensar el manejo cotidiano como herramienta de eficiencia. Pequeños ajustes pueden transformar un tambo promedio en uno de alta performance, sin necesidad de grandes inversiones.