Estrategias nutricionales en tiempos críticos – MSc. Cintia Fracaroli

El estrés por calor es uno de los mayores desafíos que enfrenta la industria porcina, especialmente en el Sitio 1 donde se encuentra el motor de la granja, las hembras reproductoras. Esta situación es particularmente crítica, ya que las cerdas, tanto en gestación como en lactancia, experimentan una disminución significativa en su bienestar y, por lo tanto, en su productividad. Las implicancias de este estrés térmico no solo afectan su salud y confort, sino que también tienen un impacto directo en la eficiencia de los lechones.


Impacto del estrés térmico en la productividad

En términos generales, durante períodos de calor intenso, los cerdos experimentan un aumento en la respiración, lo que redirige la energía de los procesos metabólicos hacia la regulación térmica, limitando así la disponibilidad de nutrientes para el crecimiento o la producción de leche.

En las cerdas lactantes, este fenómeno es aún más grave, ya que la reducción de la ingesta de alimento puede alcanzar hasta un 30%, lo que disminuye considerablemente la producción de leche. Como resultado, la cantidad de leche disponible para los lechones se ve comprometida, lo que puede repercutir negativamente en su crecimiento y en la salud general del grupo.

 A continuación, algunas estrategias nutricionales clave para mitigar estos efectos y mejorar la productividad durante estas condiciones críticas.

– Ajuste en la energía de la dieta: durante los períodos calurosos, el cuerpo de las cerdas aumenta la demanda de energía para regular la temperatura interna. Por eso, ajustar la dieta para asegurar una adecuada ingesta calórica es esencial. El uso de ingredientes con alta densidad calórica, como aceites, puede ser una excelente estrategia, ya que las cerdas tienden a consumir menos alimento, pero los aceites permiten que obtengan más calorías sin necesidad de aumentar el volumen de ingesta.

– Fuentes de energía digestibles y palatables: es importante seleccionar fuentes de energía que sean fácilmente digeribles y atractivas para las cerdas. Los aceites y las grasas son ideales, ya que no solo proporcionan más energía, sino que también ayudan a mantener la palatabilidad, lo que favorece el consumo en condiciones de calor.

– Suplementación con minerales y aminoácidos esenciales: la betaína, por ejemplo, juega un papel crucial en la osmorregulación, ayudando a mantener el equilibrio hídrico celular y reduciendo la pérdida de agua. La suplementación con aminoácidos esenciales y antioxidantes también puede mejorar la respuesta al estrés, protegiendo las células y promoviendo la integridad intestinal.

– Manejo adecuado del microambiente: además de la nutrición, un microambiente controlado en las instalaciones es clave para reducir el estrés térmico. La ventilación adecuada, el uso de sistemas de enfriamiento, como la ventilación evaporativa, y la distribución adecuada de agua son esenciales para mantener a las cerdas cómodas y minimizar los efectos del calor.


    Conclusión

    El estrés térmico durante los períodos calurosos es una de las principales preocupaciones para los productores porcinos, ya que impacta tanto en la salud de las cerdas como en el crecimiento de los lechones. Las estrategias nutricionales deben adaptarse a estos momentos críticos para asegurar una adecuada ingesta calórica, mantener la salud intestinal y optimizar la producción de leche. De esta manera, se puede mejorar tanto el bienestar de los animales como los parámetros productivos, minimizando las pérdidas asociadas al estrés térmico.

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